
...Caminábamos por las calles oscuras de la tristeza, el agua desbordaba nuestras imágenes, recuerdos infernales acaecían atrás de nuestro caminar...
Ratas sucias carcomiendo nuestras neuronas, y ni un rayo de luz para iluminar nuestras caras opacas.
De pronto, entre las tinieblas de nuestras soledades, una imagen majestuosa... nadie pudo reconocerla, se había alejado de nuestros recuerdos... Y empezamos a temer, desconfiábamos de todos, incluso de nosotros mismos...
El temor se apoderó de nuestros cuerpos y hasta los nudillos se nos agarrotaron... nos detuvimos de nuestro rumbo, sin rumbo y congelados, como mirando un espejismo, levantamos nuestras cabezas...
Costó abrir los ojos, que ya se habían acostumbrado a ver sin mirar, y el ceño arrugado de apoco comenzó a alisarse...
Ya erguidos, con los labios secos y agrietados, con el polvo de las soledades en nuestras ropas sucias… comenzamos a ver un pequeño rayo de luz… Y ya no tuvimos miedo de lentamente ir acercándonos a esa imagen majestuosa…
Cada vez más cerca, ese rayo de luz comenzó a ampliarse, y lentamente pudimos reconocer esa silueta… atractiva, majestuosa e interesante, que llamó nuestra atención perdida...
Se nos reveló de un segundo a otro… esa imagen, era la figura que se formó de nosotros mismos frente a un gran espejo... espejo que formaron los ojos de todos aquellos que rodeaban a estos tres tristes...
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