Sentada observando los
cientos de colores traslúcidos del agua en movimiento, acaece la tarde sobre
mis hombros recogidos.
Mi sentir no expresa nada más digno que una bella plaza
habitada por transeúntes, parejas, niños, abuelos, perros y árboles. En sus
alrededores siempre atormentando la congelación del tiempo muchos autos, micros,
motos, ruidos y demasiado smog.
Al centro de todo este
universo, una fuente enorme de agua, plagada de colores, y en el suelo muchas
monedas tiradas con ilusiones y sueños, como las sensaciones expresadas en estas
lágrimas multicolores que recorren mis mejillas al comprobar que todo tiene un
final.
(Santiago 100 palabras 2013)

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